Alberto enterró su pena por medio del trabajo, mientras que Ximena pasaba sus días en las cuatro paredes de esa habitación acompañada de una cuna y varios peluches. Los primeros meses fueron los más difíciles, ni siquiera salía de la estancia, ahora, tan solo pasaba una hora recordando.
Angie acompañó a Dona hasta el local donde vendían uniformes escolares, recogió el pedido de su hermano, que previamente ya había costeado.
—Bueno, ¿Ahora que quieres hacer?, ¿vamos a las maquinitas? — regresó s