Capítulo 4

Al estar ya al aire y luego del aviso de que pueden sacarse los cinturones, Keira vuelve a mirar a la humana que se encuentra a su lado y observa su aura. Le parece muy extraño como se ve toda distorsionada, algo muy raro. Los humanos siempre suelen tener auras muy parecidas, pero esta es muy diferente a las que Keira ha visto en todos estos años de vida.

Keira se quedó analizando el aura de la humana a su lado, que no se dio cuenta de que esta la descubrió.

— ¿Tengo algo en el rostro? —la humana a suelta de golpe—. Porque veo que no dejas de mirarme.

<<M****a se dio cuenta de que la estaba mirando>>, al no saber que decirle, aparta su mirada y no responde, pero una lamparita se prendió en su cabeza y saca su libro de hechizos. Empieza a mirar hoja por hoja, ya que no recuerda donde se encuentra lo que busca hasta que luego de una hora encuentra el hechizo que buscaba.

Se da la vuelta llamando la atención de la humana y repite aquellas palabras que se memorizó mirándola a los ojos.

—Omnis quaestio peto te et responde verum, si ipsum negare et dolorem sentiré —recita aquel hechizo en latín.

Uno de los tantos idiomas de lenguas antiguas que usan las brujas.

—Escúchame bien bruja, vuelves a tratar de hechizarme y te mato —la fulmina con la mirada.

Keira abre los ojos y la toma por sorpresa al ver que el hechizo no funciono.

Abro los ojos como platos. Esta más que claro, ella no es humana.

—¿Por qué mi hechizo no funciono contigo? —imposible que los humanos sean inmunes a las brujas, piensa Keira.

Esta le muestra su mano y puede observar que porta varios anillos.

—Esto —apunta al anillo que tiene una piedra negra—, está hechizado, por eso tu hechizo no funciono conmigo.

No se sorprende al escuchar sobre los anillos, ya que es algo que ella aprendió en el colegio de brujas al que fue, pero lo que si le sorprende es ver a una humana portando varios de ellos.

Cunado una bruja hechiza un objeto, solamente ella puede usarlo o en caso de que allá tenido descendientes, estos también podrán portarlos, puesto que la magia que aquellos objetos portan, se siente cómodos con sus creadores o con aquellos que comparten un lazo de sangre.

—¿Eres una bruja? —le pregunta para sacarse la duda.

—Si lo soy —le responde esta y es ahí donde las piezas empiezan a encajar.

—Me llamo Keira Best y soy una bruja de fuego —los modales primero, recuerda, ya que, si su profesora la estuviera viendo en estos momentos, la reprendería—, y perdón por tratar de hechizarte —y no se olvida de las disculpas. Porque para las brujas que una de tu misma raza trate de hechizarte es muy resulta molesto.

—Mi nombre es Natasha, pero dime Nat —se presenta—. Y no te preocupes, te perdono —le dedica una sonrisa de boca cerrada.

<<Natasha se llama>> <<Igual que la elegida>> aquellos pensamientos pasan por la cabeza de Keira. Aunque se dice a sí misma que eso es imposible, porque su protegida porta una cabellera blanca y sus ojos la delatarían, ya que posee heterocromía. En cambio, la bruja a su lado posee una cabellera muy oscura y unos ojos grises, así que descarta esos pensamientos.

—Si lo siento, es que cuando te vi por tu aura me di cuenta de que no eras humana —le dice—. Pero no sabía muy bien que eras, por eso trate de hechizarte, de verdad lo siento.

—Es por esto —le muestra su collar—. Tiene un hechizo que oculta mi olor y mi aura.

Y al fijar su vista en aquel collar, queda congelada al verlo.

—Ese collar, en algún lado lo vi, no sé en dónde, pero me suena familiar— susurra para ella misma.

Pero aparta la mirada, una sensación rara empieza a sentir. La magia que desprende el collar es tan leve, que no comprende por qué la atrae.

—Mi mamá me lo dio antes de morir —sale de sus pensamientos al escucharla hablar.

Una pulsada se instala en el pecho de Keira. Ella misma sabe lo que se siente perder a la persona que te dio la vida.

Las brujas y brujos, al tener hijos, tienen una conexión especial, muy parecida a la conexión que se tienen con tu otra mitad, pero muy diferente a la vez. Cuando esta se rompe, lo sientes y el dolor es tan fuerte e idéntico de cuando pierdes a tu otra mitad.

Dos años atrás, Keira sintió como se rompía la conexión que tenía con su madre y fue tan doloroso porque también perdió la conexión con su padre. Fue tanto el dolor, que estuvo varios días en cama sin comer y dormir. Días después, cuando pudo conciliar el sueño, que fue justo en luna llena, tuvo un sueño con su madre. Al despertar el dolor disminuyo un poco y fue en ese momento que empezó con la misión.

Encontrar a la elegida.

—Lo siento, no lo sabía —Keira, más que nadie comprende su dolor.

— ¿Y a qué vas a Hood River? —nota que se siente incómoda con aquel tema.

—Pues…—no sabe que decirle, ya que ni ella misma sabe muy bien a qué va.

No piensa decirle que tuvo una visión y por ese motivo está yendo a aquel pueblo. Suena muy estúpido para ella, además los brujos y brujas si tienen dones adivinatorios casi siempre los ignoran, porque todo puede cambiar y prefieren que las cosas sucedan como tienen que hacerlo. Prefieren no meterse con el universo, ya que cambiar algo que está escrito, que así tiene que suceder, puede perjudicar el futuro y cosas malas pueden suceder.

Aunque Keira es de esas brujas que, si prefieren hacerles caso a sus visiones, y por esa razón compro un boleto y ahora se encuentra yendo a aquel pueblo al que no conoce.

—Está bien, si no quieres decirlo no hay problema.

—Lo siento, es que —se rasca el brazo pensado que escusa decirle—, no tengo permitido decirlo —aunque es mentira, le dice lo primero que se le ocurrió.

—Tranquila —le sonríe—. Voy a dormir un rato—se da la vuelta dándole la espalda.

Keira maldice al ser tan obvia frente a Natasha, ponerse nerviosa es algo que jamás le paso, y por una extraña razón se le hizo difícil mentirle a la bruja junto a ella.

El resto del viaje Keira se pasó leyendo el libro que había comprado, y de vez en cuando observaba a la bruja a su lado, que durmió todo el vuelo.

(...)

—Pasajeros, abrochen sus cinturones que pronto vamos a aterrizar.

Al estar en tierra, perdió de vista la bruja. Al bajar del avión y al entrar al aeropuerto siente la mirada de varios licántropos que la observan, pero busca a Natasha y la ve a lo lejos dirigiéndose hacia la salida. Sintió una extraña conexión con ella y por ese motivo corre tras ella.

— ¡Nat! ¡Nat! —le grita, tratando de detenerla—. ¡Espera!

La bruja detiene su andar y se da la vuelta. Keira trota hasta llegar a ella.

—Toma —le entrega el código de números—, es para que puedas enviarme una carta.

Keira quiere seguir en contacto con aquella bruja, porque por primera vez en estos dos años se sintió tranquila y en paz junto a ella.

—Nos vemos Nat—se despide Keira.

—Adiós —escucha que la bruja le dice, para luego las dos tomar caminos diferentes.

Capítulos gratis disponibles en la App >

Capítulos relacionados

Último capítulo