La Hija Perdida del CEO
La Hija Perdida del CEO
Por: Sofía de Orellana
Prefacio

El silencio de la enorme mansión se termina cuando un grito de dolor se oye entre sus paredes.

La servidumbre corre para asistir a la señora, quien se encuentra embarazada y todos están muy pendientes de ella.

—¡Señora! —grita el ama de llaves al verla de rodillas al lado de la cama, con una mano en el piso y la otra sosteniendo su vientre.

—Llama… llama al médico —dice Gretta jadeante.

—Podemos llevarla al hospital, hay tiempo.

—No… no me moveré de aquí, sin mi esposo no saldré de la mansión —la mujer mira a una de las chicas del servicio y esta corre para llamar al doctor, mientras que ella ayuda a Gretta a recostarse en la cama.

—Moveré a las muchachas para preparar el cuarto para recibir a la niña.

—Justina… no me dejes sola —la mujer sonríe con cariño, su jefa es joven y este es su primer hijo, por lo que entiende que tenga miedo de dar a luz y además sin su esposo a su lado.

—No, señora, yo estaré aquí.

Todos los empleados se dedican a preparar el cuarto para recibir al bebé, el doctor llega y asegura que lo mejor fue no sacarla de la casa.

—Bien, señora Petrucci, nos quedan un par de horas más para traer a su bebé al mundo.

—¡Me duele! —grita Gretta en medio de otra contracción, retorciendo las sábanas.

Justina le va quitando el sudor de la frente y le da su apoyo sosteniendo la mano. Todos los demás empleados están fuera del cuarto esperando por el nacimiento de la heredera de la familia Petrucci.

—Justina, ¿llamaste a mi esposo? —pregunta casi sin fuerzas.

—Sí, pero no respondió, señora. Le dejé un mensaje en su teléfono y en el hotel.

—Siento que… me estoy partiendo… —dice cansada, el doctor vuelve a comprobar la dilatación y mueve a todas en el cuarto.

—¡Llegó la hora! Señora Petrucci, necesito que puje cuando le diga, vamos a traer al mundo a esta preciosura de bebé.

Justina la ayuda a sentarse y en cuanto el doctor da la orden, Gretta comienza a pujar. Siente que se está partiendo, pero hace todo lo que puede para traer a su hija al mundo, hasta que siente un alivio y ese llanto delicado.

—Déjeme… déjeme verla, por favor —le pide al doctor, quien luego de envolver a la criatura entre una sábana limpia, la acerca a la madre—. Mira esos ojos, Justina… mi niña es hermosa.

La mujer se acerca para ver a la bebé y puede ver lo bella que es, con sus labios como en forma de corazón y rojos, su piel rosadita, sus escasos cabellos rubios y los ojos… como un par de cielos.

El médico termina de atender a la mujer y le dice que todo ha resultado perfecto. Revisa a la pequeña, quien se aferra al pecho de su madre para alimentarse, sacándole una sonrisa a la mujer, quien no deja de admirarla.

Se dedican a limpiar el cuarto y la cama, mientras que Gretta se encarga de su pequeña, sin dejar de mirarla y pensar en lo hermosa que es.

El teléfono de la casa suena y Justina se apresura a responder, para luego entregarle el auricular a su jefa.

—Es el señor —Gretta sonríe como enamorada y responde de inmediato.

—¡Mi amor, voy saliendo de regreso a Riccione! Yo sabía que debía traerte a la casa de Roma, pero mi esposa es tan consentida. ¿Cómo están mis amores?

—Estamos bien… tienes que apresurarte, es realmente hermosa, un angelito… es idéntica a tu madre, mi amor.

—Aproximadamente en unas cinco horas estaré allí, llegaré a mimarlas y para no separarme más al menos en un mes, te amo cariño.

—Y yo a ti, mi amor, te esperamos.

La emoción que embarga a Joshua es indescriptible, sobre todo porque su niña será la consentida de toda la familia, ya que él es uno de los nueve hijos varones de su padre y hasta ahora todos han tenido la misma suerte. Su niña es la primera nieta y la ilusión de su padre, quien ha decidido favorecerla por esa razón.

En la mansión, Justina le dice que se quedará atenta a lo que pueda necesitar y se va, dejando a Gretta con una sonrisa en sus labios y a la pequeña dormida.

De pronto, en medio del cansancio, Gretta abre los ojos y ve una silueta que está cerca de la cuna, sonríe pensando que es Joshua, y trata de incorporarse. Aquella figura al verse descubierta sale del cuarto y Gretta enciende la luz asustada, mientras grita desesperada.

—¡Se llevan a mi niña! ¡¡Ayuda!! —sale de la cama adolorida, camina con cierta dificultad a la puerta, logrando ver que una silueta como la de una mujer llega a la escalera con su hija—. ¡¡Justina, ayuda!!

Corre a la escalera, olvidando por completo que está convaleciente, e intenta alcanzar a aquel extraño que se lleva a su hija.

—¡¡Ayuda, se llevan a mi hija!! —comienza a bajar las escaleras, llegan los empleados alertados por los gritos desesperados de Gretta y Justina en cuanto se da cuenta de lo que pasa, corre a la calle—. ¡¡Vayan por mi hija, por favor!!

Se sienta en uno de los peldaños, abandonada a la angustia de perder a su niña, el llanto cae por sus mejillas y siente cómo la noche se hace más oscura conforme pasan los minutos y nadie regresa con noticias.

Hasta que al final, cuando ella llega al primer nivel, ve a Justina aparecer con expresión de derrota y Gretta niega con vehemencia.

—No, dime que no es cierto…

—Lo siento, señora, le juro que corrí, pero el extraño al parecer conocía la casa, porque supo por dónde salir…

—¡No, Justina! ¡¡Nooo!! —Gretta cae al piso de rodillas, sintiendo cómo el aire se le va escapando y lo poco que le queda lo usa para dejarlo salir en un grito desgarrador que estremece los cimientos—. ¡¡Nooo!!

Golpea el piso con sus manos convertidas en duros puños, mientras todos los empleados la van rodeando y Justina la abraza para consolarla.

Gretta llora, grita y pelea con todos, hasta que se pierde en un mundo doloroso y silencioso, en donde sólo sus pensamientos pueden moverse. Así la encuentra Joshua, quien busca en la habitación a su hija, pero cuando posa los ojos en su esposa, sabe que algo anda mal.

—Amor… ¿dónde está nuestra hija?

—Se la llevaron —le dice con el alma desgarrada, Joshua corre hacia ella para abrazarla y Gretta se aferra a su última tabla de salvación—. ¡Se llevaron a nuestra niña!

—¡¿Quién fue?!

—No lo sé, ¡no lo sé! Sólo sé que alguien se la llevó, todos fueron tras el hombre, pero no dieron con ellos… mi niña, Joshua, dime… ¿cómo se supone que viviré sin ella? Era nuestra niña…

—Te juro que la vamos a encontrar, no descansaré hasta dar con ella y al infeliz que se la llevó, le espera el infierno mismo —dice con una expresión de absoluta frialdad, mientras acaricia la espalda de su mujer, quien no tiene consuelo por lo ocurrido.

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