Para ese día da las mismas instrucciones acerca de Anna, quien no debe comer ni beber nada a menos que él no ordene. Por la tarde, se va de allí a la misma hora y queda en regresar temprano al día siguiente.
Esta vez Ángel se la lleva a la casa de los trabajadores, pero por la parte trasera directamente, la deja en el baño y él se va por la cena para los dos.
—Hoy hace frío como para comer afuera.
—No importa, Mariana —le dice Ángel a la mujer joven—. Sabes que me gusta comer afuera.
—Sí… a mí