Los días se les van pasando, entre las terapias de Egan y atender a los hijos, los dos no tienen muchos días de pareja, lo que a Anna comienza a afectarla un poco, sobre todo porque Egan no quiere compartir el cuarto con ella ni tampoco que ella se le acerque mucho.
Un día, tras no haber dormido mucho porque los mellizos estuvieron inquietos y sólo querían estar entre sus brazos o los de su padre, Anna explota cuando Egan le dice que vaya a darse una ducha mientras él vela sus sueños.
—¿Por qué