En la finca, Anna se despierta por segunda mañana consecutiva en la cama de Egan, en donde él ya está despierto y la está viendo con esa sonrisa que le encanta, pero que de todas maneras la hace sonrojar.
—Bu-buenos días —le dice ella con timidez y Egan le acaricia una mejilla.
—Buenos días, mi muñequita, ¿cómo te sientes hoy?
—Mucho mejor, ya no me duelen los brazos ni la espalda, ¿será que hoy sí puedo salir de la cama? Tengo cosas que hacer.
—¿Y qué se supone que mi chica debe hacer? —le pre