A medida que pasaba el tiempo, la tensión dentro del hospital no hacía más que aumentar. Sherrie permanecía sentada en su silla, moviéndose inquieta sin poder quedarse quieta.
Había intentado enviarle varios mensajes a Ronan, con la esperanza de que encontrara la forma de sacarla de allí, pero ninguno había sido enviado.
Con la voz temblorosa, preguntó, —Nigel, ¿cuánto tiempo más vamos a seguir atrapados aquí? Hay un patógeno peligroso en el hospital. Si esto continúa, tarde o temprano nos cont