Lo que resultaba aún más aterrador era que no era la primera vez que ocurría algo así. Solo que los incidentes anteriores no habían sido lo suficientemente graves como para aparecer en los titulares.
Esa noche, Nigel volvió a tocar la puerta de Allison. Esta vez vino solo. Su expresión se veía agotada, y la excitación de hacía unas horas había desaparecido por completo. No tenía otra opción que acudir a Allison.
Sentado en un pequeño taburete dentro de su habitación, Nigel se sujetó la cabeza c