Lo único que Nigel quería ahora era que Allison pusiera fin a todo aquello. La había llamado varias veces, pero ella no respondió ni una sola llamada.
Sherrie lloró hasta quedarse afónica. —¡Hizo trampa y aun así no le basta! ¡Ahora también quiere arrastrarme a mí!
Nigel caminaba de un lado a otro por la habitación, apretando los dientes. —Es una mentirosa compulsiva. Nadie va a creer lo que diga mañana. Que haga el ridículo en esa transmisión. ¿Quién va a confiar en una estafadora profesional?