Sherrie colgó el teléfono.
La expresión de Ruth cambió de inmediato. —¡Ya no podemos permitirnos ese tipo de gastos!
Sherrie abrió la boca, pero no salió ninguna palabra. Lo único que tenía claro era que no soportaba que los demás la miraran por encima del hombro.
Molesta, se puso de pie. —No voy a quedarme aquí sin hacer nada. Voy a trabajar.
—¿En el hospital? —Ruth frunció el ceño—. El salario allí ni siquiera es tan alto. Y además, no te pagarán pronto...
Sherrie no respondió. Mientras salía