A las once con cuarenta y cinco el avión de Jason estaba aterrizando y ya Helena lo esperaba con su maleta lista para de ahí tomar un vuelo a Chiapas. Apenas y se sentaron a platicar cuando ya anunciaban su salida.
—Quiero pensar que este arranque es porque andas muy hormonal y no porque estás loca de atar.
Helena volteó a mirarlo como si se lo quisiera comer con los ojos y Jason hizo como si no se diera cuenta.
—No estoy loca, no aún —le aclaró con ironía —pero estoy por volverme y no quiero