Adaeze llegó a casa tres semanas después, pequeña pero saliendo adelante, dada de alta por el equipo de la UCIN con el optimismo específico y cuidadoso de los profesionales que la habían visto demostrar que tenían razón a cada paso.
La finca absorbió su llegada con el caos particular de la paternidad primeriza: una rotación de tomas, cambios de pañal y esa falta de sueño específica y desorientadora que hacía que cada día se desdibujara un poco con el siguiente. Kexo, formalmente todavía bajo su