-Buen día mi amor…- ronroneó la castaña, hundida en el pecho desnudo de su amado.
-Buen día princesa ¿Dormiste bien?- preguntó presando su frente.
-Si…muy bien- sonrió.
Desde que se habían declarado su amor y ya no tenían que ocultarlo al mundo, comenzaron a compartir un cuarto, ni el antiguo suyo ni el de soltero de Ivan. Sino otro, mucho más grande y con una hermosa vista a la gran entrada de la mansión.
-Me alegro princesa- exclamó deslizándose fuera de la cama para comenzar a prepararse par