****Xavier****
El silencio de la oficina es perfecto, tan impecable como la alfombra de lana tibetana bajo mis pies, una pieza que costó más de lo que alguien de mi pasado podría siquiera imaginar. Las paredes están adornadas con obras de arte exclusivas, pero hay una en particular, una pintura del Renacimiento que ocupa un lugar especial. La compré en una subasta privada, después de una feroz competencia con coleccionistas que claramente no sabían con quién estaban lidiando. El cuero italiano