El Peso de una Corona
Una corona nunca se sintió más pesada que cuando la ley exigía una cosa y el corazón susurraba otra.
Mucho después de que el Festival de la Luna Azul se hubiera desvanecido en silencio y las últimas antorchas fuera de mis cámaras se hubieran consumido lentamente, el sueño se negaba a llegar. Cada vez que cerraba los ojos, veía el mismo rostro mirándome. No era el de Valeria, ni el de Dominic, sino el de Seraphina.
Ella no había suplicado misericordia. No había rogado