Punto de vista de Adrian
—Ya llegamos —anuncié, aunque era innecesario y ella podía ver perfectamente la casa frente a ella—.
—¿No vas a pasar a tomar un té o un vino? —preguntó mamá.
Arqueé una ceja—. Ahora me has confundido. Son dos opciones extrañas.
—Había que decir algo, ¿no? Entra conmigo, por favor —dijo, saliendo del coche.
Cerré los ojos con fuerza y respiré hondo. Ha sido un día larguísimo. Tuve que dejar a Maxwell cuando salía a cenar. Era como si supiera que no iba a terminar sin