99: La cuarta es la vencida.
Mellyanna.
—¡No puedes huir de mí para siempre, Mellyanna Hugh!
Ante el reclamo cierro la puerta de mi casa; Ian ha aparecido con un ramo de flores azules. Luce encantador y eso me frustra, por lo que me deslizo casi dramáticamente por la puerta.
—Estoy gorda —digo en alta voz porque es lo primero que me frustra.
—¿Y eso qué? —grita él, con el acento texano del otro lado de la puerta.
La situación es tan patética, como yo.
El día en que dejó los tampones con mi madre aunque reí, en serio pensé