59: Solo una sonrisa.
Darwin.
Lo he olido, lo he sentido.
No puedo creer que lo haya hecho. Debo estar alucinando.
—¿Quién era ese? —cuestiono hacia Ámbar.
—¿Quién?
—El sujeto que quería matarme.
—Nadie quiere matarte, Darwin.
Volteo hacia atrás para tener una mejor vista de mi esposa. Ambos sabemos que eso es mentira; tengo muchas personas detrás de mí deseando que esté tres metros bajo tierra. Así que quiero decir algo, quiero sacar mi desesperación, pero Mylo me da una mirada que entiendo a la perfección, p