60: Mía. Siempre lo serás.
Me acerco hasta ella, quién está simplemente sentada observándome. Me agacho, le quito los zapatos casuales que usa, ayudo a subir su pantalón hasta su pantorrilla, con cautela, percibo su olor, me controlo; ayudo a quitarle ese chaleco tejido espantoso que tiene, dejándolo en camisa blanca, coloco sus patines, asegurando que estén bien puestos y finalmente le pongo las rodilleras, en silencio.
Mi corazón quiere salir de mi pecho cuando alzo la mirada y me encuentro con sus pestañas castañas ob