Mundo ficciónIniciar sesiónMe acerqué a la pequeña mirilla de la robusta puerta de hierro y miré al interior de la celda silenciosa. En un rincón de la cama, una mujer de mediana edad estaba sentada con las rodillas recogidas contra el pecho, abrazando con fuerza un pequeño oso de peluche marrón. El muñeco lucía tan gastado, sucio y deshilachado en varios puntos que era evidente que la había acompañado durante muchísimo tiempo.







