—No ha terminado. Eso era lo que necesitaba que supieran.
La voz de Rosalind sonaba tensa por teléfono, sin preámbulo, la compostura cuidadosa de la cafetería hace tres días reemplazada por algo más urgente. Bianca la tenía en altavoz en la mesa de la cocina, Ethan sentado frente a ella, los dos todavía en carne viva por el artículo y el chat grupal de padres que ninguno de los dos había terminado de atender.
—Qué quieres decir con que no ha terminado —dijo Bianca.
—Recibí una llamada una hor