73. Dejarlo ir
Dió un giro con su silla, ahora le era más fácil utilizar el aparato. Estaba cansado de llevar tantos meses postrado en el, pero ya podía mover los dedos de los pies y tener suspendida la pierna derecha unos centímetros encima del suelo... Antes de cansarse.
No podía ver a Annabeth ni a su bebé. Se sentía tan inútil, tan poco hombre. Lo mejor para el pequeño era crecer sin él, y no saber nunca la verdad.
Había tomado la decisión ese mismo día en el hospital cuando vió a su hermano y a Beth abraz