56. Un hombre arrepentido
- DOMINIK BLAKE -
Gruñó, sentía el cuerpo adolorido. Por algún motivo que desconocía, no podía moverse a su antojo. Las manos las tenía sujetas detrás de la espalda y su cabeza estaba apoyada contra las baldosas.
Su garganta estaba tan seca que incluso podía sentir la lengua. ¡La lengua! Y eso no era algo que se podía sentir en condiciones normales.
—¿Dónde estoy? —preguntó en voz alta, sonó en eco. Aquello lo paralizó. No sabía en donde estaba, pero sabía que por sus propios medios no había ll