2. Oveja negra
Después de guardar mi maleta detrás de una cortina y tratar de evitar su mirada persistente al charlar sobre algo casual ahí, parados, nos sentamos en los asientos que él ya había apartado.
Tenía que confesar el que era hombre más guapo que mis ojitos tapatíos habían tenido la fortuna de mirar. Yo no tenía preferencias hacía ningún tipo de hombres en específico o con características especiales. Simplemente me dejaba llevar por el corazón, por cómo me hacían sentir.
Y él me hacía sentir en las