“Dijo que no lo abrieras con Mac presente,” dijo Daniel. “Esas fueron sus palabras exactas.”
Cloe miró el sobre sobre la mesa entre ellos. Blanco. Sellado. Su nombre escrito al frente con una letra que no reconocía. No la de Sandra. Alguien más lo había dirigido.
“¿Dijo por qué?” dijo Cloe.
“No.”