Ese mismo día en la noche, Santiago y Sophia salieron a caminar un poco, él le toma la mano y ella no pudo evitar dejarse llevar por el momento.
Juntos contemplaron las estrellas y la luna, en ese momento, Sophia sentía mucha paz, paz que llegaría muy pronto a su fin.
A la mañana siguiente, Sophia se levanta y se mira al espejo, se sentía muy tranquila a pesar de todo, aunque había decidido irse, cada vez que veía a Santiago, su corazón la hacía cambiar de opinión.
por eso mirando su reflejo,