El humo subía con fuerza, apagando los gritos en el pasillo. Rafael intentó agarrar al atacante por la muñeca, pero el tipo logró saltar por la ventana rota hacia el balcón.
—¡Se escapa! —gritó Félix desde la puerta, cubierta por el humo.
Lucía presionó el botón de emergencia y el personal de seguridad del hospital empezó a llegar. Mateo estaba jadeando, con el cuerpo temblando sin control.
—¿Estás bien? —preguntó Lucía, con las lágrimas rodándole por la cara mientras lo abrazaba fuerte, como s