Mirando detenidamente algunos mensajes de texto, recordó cómo en ese momento Elie había afirmado con tanta seguridad que se arrepentiría.
Por eso y de repente, sintió un fuerte impulso de regresar a casa.
Y, de hecho, lo hizo.
—Tengo algo que hacer y debo irme de inmediato. Hasta luego chicos.
Silvio se fue.
Cuando llegó a la puerta, escuchó la risa burlona de Elie.
Se detuvo y miró hacia Elie.
—Siempre pensé que las mujeres debían depender en lo absoluto de los hombres, pero nunca te menospreci