En la tranquila oficina, sonó un celular.
Era una canción muy alegre, única, dedicada especialmente a alguien.
—Silvio, ¿todo lo que dicen en internet es verdad?
Al escuchar el llanto al otro lado del teléfono, Silvio frunció muy seriamente el ceño. Como esperaba, ella lo llamaba para cuestionarlo y llorarle con angustia.
—Paula, ya sabes que tuve que casarme.
—No te creo. Me prometiste que cuidarías de mí toda la vida, ¿por qué tuviste que casarte con otra mujer?
—Paula, incluso aunque me casé,