El trayecto transcurrió envuelto en un silencio tan incómodo que hasta el menor movimiento del automóvil parecía sonar demasiado fuerte. Lenora permaneció junto a la ventanilla desde el momento en que partimos, contemplando el paisaje que desfilaba al otro lado del cristal. De vez en cuando respondía con una sonrisa educada a alguno de los comentarios de mi madre, pero jamás volvió la vista hacia mí.
Yo tampoco hice el menor intento por romper aquel silencio.
Después de lo ocurrido en el estudi