Cuando despertó, ya no quedaba un solo pétalo de las quinientas rosas que decoraban la habitación. Solo quedaba el letrero de Antonella, con un extremo algo más bajo que el otro. Era como si hubiera pasado un huracán y ahora solo quedara el vacío que dejó su paso, acompañado de un frase de ánimo que la invitaba a reconstruir su vida sin la sombra de Mario, que se casaría con Estefanía en solo unos pocos meses, el mismo tiempo que quizá le tomaría a ella recuperarse de la herida que atravesó su