―¡Viktor! ¡Qué gusto me da recibirte! Hacía mucho que no nos visitabas ―dijo Mikhail con una enorme sonrisa, disfrutando tener el control. Sabía que tenía su pie en mi cuello y no me mostraría altanero o grosero mientras mi hija estuviera en sus manos―. Layla… es bueno verte de nuevo.
Su tono cambió, con ella se mostraba piadoso y parecía comprensivo.
―Mikhail… Sabes por qué estamos aquí ―dijo Layla acercándose dócil, causando estragos en mi hermano que parecía compartir su tristeza―. Regrésa