Jacob mientras más escuchaba, sentía más necesidad de protegerla y no podía entender como pudo soportar tanta crueldad desde que era tan joven.
— Lo siento mucho Aitana, si ya no quieres contarme nada más, no hay problema, podemos dejar esta conversación hasta aquí. — Suspiró Jacob tomando la mano de ella para intentar darle un poco de consuelo y Aitana se sorprendió al sentir su toque, pero no apartó su mano.
— Gracias, pero quiero terminar de contarte. — Afirmó ella, le dolía hablar de es