Madison
Esas tres palabras suenan terribles sin importar el contexto. Él y yo solo tenemos una relación estrictamente laboral, sin embargo, no puedo evitar que me tiemblen las piernas y que mi corazón se ponga errático.
Me quedo de pie con la mirada fija en él, está esperando que reaccione, sin embargo, yo no tengo idea de qué decir. Espero que sea él quien comience a hablar.
—Cambia esa cara, pareciera que te he dado la peor noticia del mundo.
—¿Qué? —pregunto en estado de shock.
—Relájate, no