Madison
—Papá, no entres en pánico —comienzo a decir.
Él enarca una ceja y se cruza de brazos. Esto me trae malos recuerdos de aquella vez que me hice ese tatuaje.
—¿Qué sucedió? ¿Ese hombre te hizo algo?
—¿Qué? ¿Alec? No, no se trata de eso —aseguro rápidamente—. En realidad, pasó hace una semana y un par de días. No quise decírtelo porque no deseaba preocuparte.
—Es imposible que logres que yo no me preocupe, soy tu padre. Así tengas cincuenta años, siempre me preocuparé por ti. Ahora dime, ¿