El comandante aún podía oler la sangre en sus manos, no importaba cuantas veces se lavara las manos el olor de la sangre de ese joven estaba saturado en él, John cerró los ojos y las imágenes de sí mismo sobre el joven, golpeándolo en la cara repetidamente. .
John jadeó al darse cuenta de cómo sus palabras habían despertado a una bestia sin control, estaba dispuesto a matar a ese joven, por sus palabras ofensivas, y él no era así.
John no podía ser como su padre, pensó.
— Mejor come.
Abrió los