John miró nuevamente a su hembra acostada en la cama, faltaban unas horas para el amanecer y con él su partida lejos de ella, Helena estaba acostada de costado y una de sus manos descansaba sobre su redondeado vientre, el comandante había estado escuchando los dos corazones durante horas. Era el sonido más dulce y tranquilizador para él y no tenía idea de cómo pasaría este viaje sin poder escucharlo, al pensarlo se preguntó nuevamente si realmente debería irse…
- Duerme comandante, hasta el Sup