Capítulo 26 —El Cálculo del Silencio
Las cenas se habían convertido en un ejercicio de sadismo coreografiado. El comedor principal, con su mesa de caoba capaz de albergar a veinte comensales, se sentía ahora como una celda de cristal donde el aire escaseaba. Sergio presidía la mesa con una rigidez que bordeaba lo patológico, mientras Maribel, sentada a su derecha, sostenía los cubiertos con una elegancia que ocultaba el hecho de que sus nudillos estaban blancos.
Frente a ellos, Pedro devoraba