17 Verdad.
— Prometiste no enojarte… — murmuro en medio de un hipeo la joven, y Giovanni se removió incomodo en su lugar, quería abrazarla, deseaba consolarla, como aquel día en Italia, cuando vio sus ojos cubiertos de dolor, pero ahora tenía un deber, impedir que alguno de los reyes llegue a ella, por lo que aun en contra de su voluntad, se quedó en su lugar.
— No estoy enojado contigo mi princesa, eso nunca hija, pero… ¡no puedes morir Dulce! ¡no puedes hacernos esto! — Dulce sentía cada palabra de dolo