Con El Alma En Un Hilo 32.
El lugar estaba lleno de personas; era normal por la festividad.
—Luna —habló Alexander a su hija, sacándola de sus pensamientos—. Hija, si quieres podemos venir luego, cuando no estén tantas personas. ¿Te parece?
Luna miró a su padre, luego a la concurrida pista de hielo para luego negar con un movimiento de cabeza algo exagerado, típico de la niña. La castaña se acercó más a la orilla de la pista de patinaje; una muchacha que patinaba como una profesional llamó la atención de la chiquilla.