La nostalgia y la tristeza se habían apoderado por completo de Phoenix, quien aún se encontraba insegura de entregarle alguna pertenencia de Atha a Katherine. La mente de la Diosa aún seguía torturándola haciéndole recordar los momentos más felices que tuvo con su difunta amada, odiaba no poder tenerla a su lado.
Por otro lado, Katherine miraba con impaciencia a Phoenix, esperaba que la deidad suavizará su corazón y le entregará lo que estaba buscando. La rojiza mano de la deidad se extendió oc