36. Terror en las calles de Chicago
Un golpe brutal se estrelló contra la ventanilla de la limosina. El impacto resonó como la explosión de una bomba en los oídos de Noah.
La calidez de la atmósfera y la intimidad que acababan de encender la sangre de ambos se esfumaron en un segundo. Los oscuros ojos de Nathan cambiaron drásticamente en un parpadeo: la intensa pasión que dominaba al gigante fue reemplazada por un instinto asesino aterradoramente frío. Nathan apartó de inmediato su enorme cuerpo, liberando a Noah de su yugo.
—Qué