37. Una herida ardiente
—¡Cuidado, Nathan! —gritó Noah con todas sus fuerzas, golpeando la ventanilla del vehículo blindado.
Su voz quedó completamente amortiguada dentro de la cabina insonorizada. Sin embargo, en ese mismo instante, una estruendosa detonación rasgó el rugido de la tormenta de nieve. El cañón del rifle, oculto tras el pilar de concreto, escupió plomo ardiente sin piedad.
Noah abrió los ojos de par en par, horrorizada. La bala viajó a una velocidad sobrehumana y alcanzó el hombro izquierdo de Nathan. L