MADDOX
Amara estaba desconcertada. No había manera de confundirlo.
Un rubor cálido reptó de sus mejillas hacia su cuello y la visión envió un estremecimiento tranquilo a través de mí.
Sus labios se separaron, pero no llegaron palabras.
“¿Por qué?” Ladée la cabeza, con la voz laced con un filo burlón. “Quieres que te enseñe, ¿verdad?”
“No. Es que—”
“No me importa.”
La corté antes de que pudiera terminar. Sus ojos se abrieron de par en par, los bordes de ellos parpadeando con confusión y curiosid