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—No, está bien —dijo ella, tratando de liberarse de su agarre, pero él la acercó más. Su barbilla presionada entre sus muslos mientras la miraba con el cobre arremolinándose en sus tonos grises.
—Déjame —dijo con voz áspera, tirando de los pantalones cortos.
Ángela dudó por un segundo ante de dejar que él le bajara los pantalones con cuidado. Ella estaba ocultando su intimidad, pero él no la permitía. Agarrando sus manos, las puso a su lado y s