Rasmus se sentó junto a la cama en el sillón mirándola en silencio. Estaba profundamente dormida. Su pecho subía y bajaba al ritmo suave de su respiración. No había ninguna expresión fría en su rostro. Esos ojos que parecían vacíos estaban cerrados. Parecía tan inocente y pacífica.
Rasmus se reclinó en la silla. Después de mucho tiempo sintió que su corazón estaba en paz.
Su mirada se detuvo en las cicatrices de su cara y cuello. La imagen de ella atada con cuerdas y cubierta de cicatrices ensa