39. Dulces sueños

Al llegar a mi habitación pongo seguro a la puerta y como una niña emberrinchada sacudo mis pies para librarme de los zapatos; no entiendo por qué me siento de esta manera, mi corazón late a gran velocidad, pero a la vez es como si algo en el interior lastimara un poco y picara causándome enojo.

— Ay, Valeria, acaso estas... no, imposible ¿por qué estaría celosa de un hombre que no es nada mío?... es decir, sí, es un encanto conmigo, me trata bien, se preocupa por mí, cuida de mí, pero eso no
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