Capítulo 47
Cuando supe que Carolina había desaparecido, sentí que me arrancaban algo del pecho. No era solo rabia por no encontrarla, era miedo. Miedo de no volver a verla. Caminaba de un lado a otro en mi despacho, apretando el teléfono con tanta fuerza que me dolían los dedos, esperando que alguno de los investigadores me diera una dirección, una pista, cualquier cosa.
Nada. Nadie sabía dónde estaba. Bebí más de lo que debía durante días, con la camisa arrugada, la barba crecida y la cabez