11 - No hay secretos.
Esa noche, fue la primera de tantas, que le costó pegar los ojos. Estaba tan agobiada y concentrada en el rostro de su, ahora esposo, que le era imposible poder dormir. Necesitaba con mucho esfuerzo, dejar de admirar, aquellas facciones masculinas que el poseía, que, pese a las cicatrices que embargaban en su rostro, lo hacían ver, más atractivo.
Respiración pacífica, rostro relajado. Su pecho subía y bajaba de forma tranquila, demostrando que estaba completamente dormida. Mira la hora una vez