CAPÍTULO CINCUENTA Y CUATRO
La cabeza de Lucian se alzó de golpe. Sus ojos ardían de furia. Se puso de pie en un instante, imponente sobre ellas.
—¡Tenían una sola tarea! —gruñó—. ¡Una sola tarea: traerla!
Las guerreras se encogieron, pero se mantuvieron firmes.
—Lo sentimos, Beta. Desapareció cerca de la cresta este. Las sombras se la tragaron.
Lucian maldijo por lo bajo, paseándose de un lado a otro.
—Informen al Alfa. Ahora —ordenó con voz ronca.
Momentos después
El aire se volvió violento c